Inéditos



ESTANCIAS DE DICIEMBRE 

 

Cuando llegan las fiestas de fin de año llegan también a casa una buena cantidad de cartas, fotografías y tarjetas postales.

Ante esta amabilísima invasión, y desde hace unos cuantos años con poco tiempo a mi favor, no he tenido más remedio que recurrir a un saludo colectivo para corresponder a decenas de familiares y amistades.

Con frecuencia este saludo sólo ha sido una combinación de imágenes y palabras coloquiales sin otra pretensión que trasmitir cariño. Pero en algunos años aparecieron poemas que, más allá de la motivación circunstancial y el aliento constructivo y popular de sus temas, dejaron algunos registros que podían trascender el mero curso navideño.

Ignoro la longevidad de este hábito epistolar y qué tipo de composiciones seguiré entregando en el futuro, pero hoy me dispuse a escoger algunas de estas piezas, todas inéditas, descontando el centenar aproximado de copias de cada una que suelo preparar.

El motivo de la selección es compartir con otros lectores algunos textos realizados fuera de mis proyectos de libros, y que sin embargo pueden aportar, como conjunto, algunas referencias afines a mi obra publicada.

Para todos los lectores, junto a estas piezas: ”mis mejores deseos navideños y no navideños”

   

 

H.R., Barcelona, enero 2002


PD/ Esta serie se terminó en diciembre de 2010 con el texto titulado “Navidad”, que aquí incluimos.


 

 

 

 

 

Yo había pasado por allí, estaba

la barandilla que tú aquel día viste

vendada de nieve, la hilera

de baldosas recogiendo apuntes del cauce

aplacado con arcos de piedra

y diciembre. Te diste cuenta,

sin prisas, detrás de algún cristal,

cómo el año se confinaba.

Entonces oirías cantos

anunciando fértiles praderas

que realizarían brotes ante ti,

de ti, hacia todo.

No hubo usura en esos labios,

tampoco inocencia. Sólo nombraban

la vida, la perpetua mudanza

en la cual serás, seremos

tutores de tan diversos o iguales

paisajes, de surcos intérpretes

de la propia canción.

Barcelona, 12.1989


 

 

 

 

 

Porque las últimas noches pueden ser las primeras

mujeres ante los pórticos de la mañana.

Y cántaros con licuada simiente

hablar por ellas en las mesas

que han sostenido un cielo de robles,

y que aguardan.

Porque las primeras sombras del día

pueden ser hombres que tan últimos marcharon.

 

Cuando la reunión

es usual milagro inad-vertido.  

Barcelona, 12.1992


 

 

 

 

 

EL 158  

 

 

Subía la cuesta de la calle Burgues rengueando años

y gente que apretaba contra su alma perseverante.

El número de su nombre ya le servía de nombre, de numbre,

de apellido con decenas de manos aferradas a sus huesos,

de pila de nombres que se le movían por el adentro

chocando con recuerdos rodados en decenios de ojos pardos.

Supe quererle en secreto. Verle la vestimenta gris pueblo

combinando con las tardes de barrio mojado, remotos anhelos,

ejercicios escolares domiciliados bajo el cobre cansino

del invierno. Aprendí la palabra ómnibus y viajé de inmediato

por todo lo que después, sólo después, averigüé mío.

(Lo que fue, lo que sigue siendo primera memoria, pasillo

hacia el universo en aquellos juegos condensado).

 

Si ahora digo tu numbre entre estas otras esquinas,

si hago señas que no verás, mi viejo 158, si saludo

a tu familia (125, 144, 181...) con boletos

de cercanísima vigencia, siento y siento

de tus párpados laterales los rostros girados hacia mí

sin ser anónimos. Ellos suben el mismo sentimiento

dotados por aquella, ésta, tu constancia.

Y así no hay cuesta que resista nuestro paso

cuando los años son públicos y pasan, contigo,

por nosotros en el único trayecto.

 

Barcelona, 12.1993


 

 

 

 

 

Todos los puertos me aguardan en diciembre, como en aquel

primer Montevideo de abuelo y de la mano aprendiendo

lentísimas migraciones, cortas telas blancas

que habían sacudido adioses o cielos o la nave

del querer, imparable, única, redundante.

 

Hoy una gaviota se ha perdido en otras nubes

y creo haberle oído la mención de un paraje

a los dos extraño. El rumor de las grúas

clasificaba horas en hangares tapiados.

 

¿Telas blancas cubriendo lapsos, recados,

infortunios, cubriendo barriles nuncabiertos, losas

con dibujos de sal, llegadas intactas?

 

En otras nubes reaparece y se va la misma gaviota

que anota dicha en las rejas inválidas del porqué.

La gaviota puntual. Pañuelos limpiando

los vidrios del mediodía empañado,

la penitencia de las anclas, la resurrección

del azul. Pañuelos también

sus alas.

 

Barcelona, 12.1994


 

 

 

 

 

Entonces rememorar lo que será. Y en el aquí

suceder a través del pálpito tendiente al Estarás.

Porque ahí el firmamento que nos puebla

hacia delante: Estarás. Quieto en sí

como un puente donde todo pasa, vibrante

abrazo que a la estancia edifica

con campanarios de sonriente, sonora caligrafía.

Encontrémonos en medio. Así. Entonces ciertos,

posados en lo interno y nuestro, madruguemos

cada lumbre, cada ida

que signifique mejorada permanencia.

 

Salzburgo, 12.1992


 

 

 

 

 

El azar es una pluma delgada que vive

fuera de las aves. Sus viajes obedecen

sonoridades de nubes que no suelen verse

en los paisajes. Una pluma delgada

delineando los contornos cotidianos

con pigmentos de distintas transparencias.

Sólo advertimos los temblores de su trazo

en esperas afiebradas, en leves soles subterráneos,

o en años que de nosotros emigraron.

 

Se han ido por completo las nubes

de esta tarde. Suena tu nombre relevándolas.

 

No hay otro techo ahora, y sí la convicción

de una serena permanencia internada en ese trazo.

 

A veces el azar anota nidos, naves

en las líquidas raíces de los días,

nada menos que nombres queridos,

soportes intactos, mapas del mañana ya presente,

ríos trayendo el aire inaplazable.

 

Londres, 12.1997


 

 

DONES

   

 

¿Quieres venir mañana

a sentir el oro entre las hojas?

 

De un difuso trapecio anoche zarpaban astros.

Llevaban las medallas negras que Don Infinito

prende en el pecho de las fronteras.

 

Había edificios purgando la condena

de sus pieles grises, la minusvalía

de una niebla plomiza, llena

de criaturas estremeciendo porterías.

 

Algunas ruedas recortaban calles

callando ejes y ojos y arcos desmantelados.

 

Pero las pequeñas hojas quebradizas, las caídas

sobre el sur de las estrellas, las fieles vigilantes de

los parques anunciaban esa calma dorada

que Don Destino cultiva para bien.

 

Es posible, pues, divisar puentes, pirámides, países,

peldaños igualados en la dicha de un metal volátil

que habita bajo las alfombras.

 

Es posible. En tu mirada se incuba el aleteo

de cualquier rebelión de luces, y no hay noches

ni verdugos que se salven de tu alma.

 

Recuérdalo ante los muros de Don Dolor,

ante el desprecio y el abuso de la barbarie,

ante los que quieren cegarte

con la vana ductilidad de las mentiras.

 

Toma este trozo de otoño,

te dará frutos adentro.

 

¿Quieres venir ahora

a sentir ese oro entre las hojas?

 

Barcelona, 12.2001


 

 

NAVIDAD

A lo lejos, la mano que saluda
puede ser paloma o estrella.

La estrella remota toma la pluma,
despliega sus dedos, vuela sin desmayo,
llega con las luces iniciales a la ciudad
y en cada objeto, en cada ser animado
sigilosa se depara.

Algo tendrá que ver diciembre en estos gestos,
se preguntan el humo de las fábricas,
las ventanas con residuos de reflejos vagos,
los niños invisibles que recogen en las calles
ilusiones arruinadas.

Conforme avanza el día urbano, en pueblos
y aldeas las plumas blancas también estrellean
a distintas siluetas, a los rincones y al aire.

Cuando sea el turno de la nieve,
bajo los árboles maquillados en jardines y plazas,
una pequeña paloma buscará refugio
luego de haber recorrido todas las almas.

¿La pudiste ver entre tantos ruidos y brillos?
¿Llegó hasta ti y no había nadie?

A lo lejos, la mano que despide
puede ser gélida ceniza o brasa.

Si logras ir sumando luz a soplo, dedo a vuelo,
nube a tierra, noche a alba, aunque poco
o nada creas, tal vez resulte
que vuelva
quien sólo quiso ampararte.

 

Barcelona, 12.2010


 

 

 

 

Los inéditos están registrados en Barcelona como propiedad

del autor. Se autoriza la reproducción y/o edición de estos y

otros textos, siempre que previamente se comunique al autor el

canal de publicación y se le haga llegar copia de un ejemplar

impreso, o noticia de la dirección concreta en el caso de

Internet.

 

E-mail de Héctor Rosales:

hrosales@hrosales.com

 

   

 


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